El Régimen de la Revolución
El régimen de la Revolución Mexicana se forma por 3 piezas: 1. El Presidencialismo, que es la concentración misma del poder de forma legal y/o extralegal en una persona, el Presidente; 2. El Partido Corporativo mediante el cual el Presidente tiene garantizada la disciplina partidista, con alto grado de burocratización y formalización de las relaciones sociales en una penetración activa del Estado en diversos sectores de la sociedad civil; y 3. El Nacionalismo Revolucionario, que consiste en la construcción del mito cultural de la Revolución, presentado ante todos y por generaciones para legitimar el proceso iniciado en 1910. Aunque como se mencionó, la revolución terminó en 1920, realmente es en 1938 cuando se le da formato al “espejismo” cultural, presentado en películas, almanaques, murales, etc.
México durante el Régimen
En México no hemos logrado tener un período de crecimiento económico sano y sostenido desde hace 100 años, es decir, desde el inicio del mito de la Revolución Mexicana. El PIB por habitante en México en 1939 es ligeramente inferior al que teníamos en 1910. A pesar de que durante algunos años, a inicios de los 20, superamos el nivel del Porfiriato, la Gran Depresión y las dificultades de la creación del Régimen de la Revolución en el sexenio Cardenista provocaron que sólo en 1940 dejáramos atrás el nivel de vida que habíamos alcanzado 30 años antes. A partir de ese momento, el crecimiento económico del país depende del crecimiento en las hectáreas sembradas, hasta que en 1965 esa expansión se detiene de manera definitiva. Se hace imposible mantener el ritmo de 3% anual por habitante, pero el régimen prefiere mantener el crecimiento a costa de endeudamiento externo. La primera crisis de ese esquema de crecimiento ocurre en 1976, y es gracias al descubrimiento de Cantarell que puede posponerse su abandono. De hecho, por casi 30 años en México se vivió de Cantarell. De 1980 a 2008, la suma de aportaciones de Cantarell alcanza 90% del PIB, mientras que el crecimiento en esos mismos años suma sólo 80%.
En el último siglo, esto es lo que ha ocurrido: no crecimos durante 30 años, luego crecimos agotando nuestros recursos por los siguientes 25, dedicamos 15 a crecer con base en endeudamiento externo y deterioro de las finanzas públicas, y pasamos los últimos 30 viviendo de Cantarell. No es que México no haya crecido, como se dice frecuentemente, en los años del neoliberalismo. Es que México no creció en un siglo, salvo cuando agotamos nuestros recursos, nuestro crédito o nuestro futuro.
Es decir, lo que obstaculiza el crecimiento económico en México es el marco institucional en que vivimos, producto del régimen político que compró su legitimidad repartiendo privilegios entre distintos grupos de la sociedad. Y aunque ese régimen llegó a su fin en 1997, los privilegios continúan, y México sigue siendo un país que no produce riqueza, sino que sólo distribuye rentas.
México fue un fracaso en el siglo XX y amenaza con seguirlo siendo en este siglo XXI, y la causa es el experimento político retrógrado explicado ya, que se maneja con un discurso justiciero pero que tiene una práctica profundamente corruptora, que no podrá llegar a su fin hasta que no decidamos aceptar nuestra derrota y pérdida de tiempo.
El crimen organizado, la corrupción, la ineficiencia, la pobreza, etc. son distintas facetas de lo mismo: una sociedad profundamente enferma. Si no reconocemos nuestra enfermedad, no será imposible quitarnos nuestros vicios para ver hacia delante. Debemos ponerle fin a la Revolución.











